Todos los alimentos contienen
radionucleidos naturales, que se transfieren del suelo a los cultivos en el
terreno y del agua a los peces de los ríos, lagos y mares. Los niveles de
radionucleidos naturales en los alimentos y el agua potable por lo general son
muy bajos y seguros para el consumo humano. No obstante, pueden variar
considerablemente en función de la geología local, el clima y las prácticas
agrícolas.
El OIEA y expertos internacionales están
elaborando, por lo tanto, orientaciones para medir y determinar los niveles
aceptables de radiactividad natural en los alimentos, con el objetivo último de
mejorar la inocuidad de estos. Del agua potable se hablará más adelante.
“Diariamente recibimos una pequeña dosis de
radiación con nuestra dieta. Desde el punto de vista de la salud pública es
insignificante en la mayoría de los casos, pero aun así es importante mejorar
nuestro conocimiento de los factores que inciden en las dosis que reciben los
consumidores”, dice Tony Colgan, Jefe de la Dependencia de Protección
Radiológica del OIEA.
En una reunión sobre el tema celebrada en
Viena el mes pasado, los expertos señalaron que, hasta ahora, las normas y
orientaciones se han centrado en los niveles de la radiación artificial y se ha
prestado menos atención a la radiación natural. Sin embargo, como indicó Lieve
Sweeck, del Centro de Estudios de Energía Nuclear (SCK•CEN) de Bélgica, evaluar
el movimiento y la acumulación de radionucleidos naturales en el medio ambiente
y en la cadena alimentaria es importante porque la dosis de radiación de la
mayoría de las personas procede mayormente de fuentes naturales.
La Organización Mundial de la Salud ha
elaborado un marco, que incluye niveles orientativos, para gestionar los
radionucleidos presentes en el agua potable, tanto los de origen natural como
los artificiales[1]. Asimismo, la Comisión Mixta FAO/OMS del Codex
Alimentarius ha publicado niveles de referencia aplicables a los radionucleidos
presentes en alimentos destinados al consumo humano y objeto de comercio
internacional que han sido contaminados tras una emergencia nuclear o
radiológica [2].
El OIEA procurará ahora elaborar principios
de orientación armonizada sobre la radiactividad natural presente en los
alimentos en situaciones no de emergencia, intentando integrar las
orientaciones ya existentes relativas a los radionucleidos artificiales. Esto
incluye un examen de la información disponible sobre la concentración de
radionucleidos naturales en los alimentos, estudiando las circunstancias en que
pueden ocurrir concentraciones elevadas y determinando los radionucleidos y
alimentos de particular interés, comprendidos los alimentos con respecto a los
cuales los datos disponibles son pocos o inexistentes.
Muchos países aplican programas nacionales
de vigilancia para determinar los niveles de radiactividad en los alimentos y
esos programas tienden a centrarse en radionucleidos artificiales como el
cesio, el estroncio y el plutonio. Medir la presencia en los alimentos de
radionucleidos naturales como el uranio, el torio, el radio y el polonio puede
ser difícil y oneroso y requiere instalaciones, equipo y recursos humanos que
muchos países no poseen.
En la reunión celebrada del 30 de
octubre al 1 de noviembre de 2017, expertos de Bélgica, el Brasil, el
Irán y Rusia presentaron los trabajos realizados para medir los radionucleidos
naturales presentes en alimentos de producción nacional.
A la reunión también asistieron
representantes de la FAO, el Comité Científico de las Naciones Unidas para el
Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR) y la OMS.
Esta actividad surge en respuesta a una
solicitud formulada por los Estados Miembros en la resolución GC(61)/RES/8 de la Conferencia General del OIEA.
Este año y en 2018 se celebrarán nuevas reuniones.

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